

| Recuperar y afianzar el conocimiento ancestral sobre las plantas |
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En todos nuestros hogares hemos tenido el caso en que nuestras madres, abuelas o abuelos, tías, familiares del campo, etc., nos recomendaron preparaciones herbarias (desde agüitas aromáticas hasta emplastos) y que en más de una ocasión demostraron su altísima efectividad. Quien puede negar la “milagrosa mejoría” del niño que estaba con vómitos fuertes y a quien la abuela suministró calditos y agua de manzanilla? Pensemos y retrocedamos hacia nuestra niñez, y siempre encontraremos una referencia de este tipo. Este conocimiento popular y ancestral toma hoy una nueva fuerza y reclama su sitio dentro de este movimiento de retorno a la naturaleza. Es nuestro deber preservar este saber, este patrimonio inmaterial. Apuntemos esas recetas de la abuela, y compartámoslas con otras personas, comparemos este saber con toda la información disponible a través de Internet. Contémosle al herbólogo o escribamos a las instituciones que trabajan sobre la investigación y cualificación de la terapia herbaria sobre estas prácticas ancestrales que han demostrado su validez y así impediremos que este valiosísimo conocimiento se pierda en el tiempo. Para quienes tengamos la inquietud de servir a la comunidad no sólo en nuestros hogares sino de una manera más amplia, se presenta una oportunidad única a través de la capacitación, cualificación e investigación sobre la herbología, dentro del marco que la ley colombiana ya ha establecido para tal fin.
Todos somos agentes de cambio Frente a los retos que impone la sociedad actual, cada miembro de la familia puede ser gestor del cambio. En esta columna hemos insistido en que lo que se enseña en la casa tiene la cualidad de ser reproducido a lo largo de generaciones y afectar un amplio círculo de la sociedad, pues cada miembro es fundador de su propia familia. Y el conocimiento y costumbres que lleve consigo afectarán todo ese árbol social que forme. Recordemos, eso si, que lo que se aprende de verdad es lo que vemos a través del ejemplo, lo que hacen en nuestras casas como parte de la rutina diaria, las costumbres, etc. Los discursos y las lecciones orales tienen poco peso. Y si, adicionalmente, los discursos van por un lado y el quehacer por otro, lo que hacemos es fomentar la hipocresía y la mentira.
Iniciando el día de manera saludable Si se trata de enseñar un estilo de vida saludable a través de la vivencia, esta práctica le resultará fácil, oportuna y ante todo, saludable. La changüa es una bebida correctiva, desintoxicante y equilibrante que le permitirá empezar un cambio hacia un organismo desintoxicado, equilibrado y nutrido. Inicie el desayuno con una taza de infusión herbaria. Prepárela así: Ingredientes: Una taza de Agua Ajo finamente picado Dos o tres dientes. Cebolla cabezona picada Dos cucharadas soperas colmadas. Perejil picado Dos cucharadas soperas colmadas. Apio picado Media (1/2) cucharada sopera Cilantro finamente picado Una cucharada sopera colmada. Preparación: Ponga a hervir el agua con sal al gusto. Cuando esté a borbotones, vierta todos los ingredientes, excepto el cilantro; y remueva para que las hierbas suelten sus sustancias. Apague el fuego y deje reposar durante cinco minutos. Para servirla, agregue el cilantro. Para facilitar la labor, puede poner las hierbas, menos el cilantro, en la licuadora con una tercera parte del agua hervida (o solas en la picadora) y verter esta mezcla en el agua hirviendo. Tape y deje reposar cinco minutos. Tómela antes que los demás alimentos del desayuno. Importante: no deje hervir la infusión. Nota: Si desea mejorar el color de la infusión, tíñala con dos cucharadas soperas de leche. Ingiera el afrecho o celulosa de las hierbas (opcional pero conveniente) Complete su desayuno con avena o chocolate amargo. Consuma un huevo tibio duro tres veces a la semana. |