

| Uno de los nuevos paradigmas sobre la salud |
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En la segunda entrega de nuestra sección, enumeramos algunos de los paradigmas que fundamentan la medicina y terapias alternativas, entre los cuales figura la afirmación de que el cuerpo no es un objeto, ni está aislado y es uno con la mente. En esta entrega desarrollaremos este concepto desde el punto de vista de la importancia de la práctica religiosa o la espiritualidad para mejorar nuestra salud. Este aspecto de nuestra vida está íntimamente ligado a nuestra educación en la casa: es allí donde aprendemos y donde enseñamos la importancia de la espiritualidad y la manera cómo la ejercemos.
la conexión mente-cuerpo -Tomado de The Wellness Community y comentado por los autores de este artículo- La comunidad médica se da cuenta, cada vez más, de que la mente y el cuerpo trabajan juntos para alcanzar la salud general y para recuperarse de las enfermedades. Es importante saber cómo las prácticas mente-cuerpo pueden ayudarnos a manejar los efectos secundarios de un tratamiento dado –como la quimioterapia- en combinación con los acercamientos médicos tradicionales. La conexión mente-cuerpo puede marcar una diferencia significativa en las personas con cáncer, ya que la manera de manejar los pensamientos, sentimientos, creencias y actitudes puede afectar la manera en la que el cuerpo responde al tratamiento o la manera eficaz en la que una persona puede participar en el mismo. Un número creciente de investigaciones indica que las prácticas mente-cuerpo pueden reducir el estrés y aumentar la inmunidad, mejorar la calidad de vida, optimizar el manejo de los efectos secundarios del tratamiento e, incluso probablemente, prolongar el tiempo de supervivencia. No hay una sola manera que sea la mejor para integrar la mente y el cuerpo. Las actividades mente-cuerpo van desde la simple meditación y la auto-hipnosis, o el asesoramiento individual y los grupos de apoyo, hasta las prácticas espirituales. Nuestras actividades diarias y nuestros cinco sentidos también nos ofrecen oportunidades para crear la conexión mente-cuerpo. Las opciones son interminables. Experimentar una conexión mente-cuerpo no consiste en escoger la opción «adecuada» o la opción de un «experto», sino que consiste en aprender cómo estar completamente consciente para poder así disfrutar de una actividad o para poder relajarse en un momento de estrés. Los defensores de la conexión mente-cuerpo piensan que dentro de cada persona existe un estado natural en el cual la mente está clara y calmada y el cuerpo está relajado. Debido a que ese estado es natural, y no creado artificialmente, no está realmente perdido cuando se diagnostica un cáncer u otra enfermedad grave -aunque en muchas ocasiones parezca que sí. Las prácticas mente-cuerpo pueden ayudar a reducir la angustia y la ansiedad comúnmente asociadas al cáncer y a su tratamiento. Además, estas prácticas también han demostrado ser útiles para ayudar a los pacientes de cáncer a controlar el dolor y otros síntomas. Nos debemos ayudar recibiendo algo de orientación o instrucciones para las prácticas mente-cuerpo cuando intentamos controlar los efectos secundarios de un tratamiento. Las técnicas como la relajación y la visualización, los ejercicios de respiración, el yoga y la relajación muscular progresiva pueden ser de gran ayuda. Puede que tengamos que probar varias técnicas para encontrar la más adecuada para cada uno. En el caso del cáncer y su tratamiento, por ejemplo, significa cuidar su bienestar físico, emocional y espiritual. Así como recibe quimioterapia, cirugía o radiaciones para el cáncer, también podemos encontrar útil integrar una práctica o ejercicio que aborde el funcionamiento emocional y el físico para que podamos reducir el estrés, aliviar los efectos secundarios y optimizar su respuesta al tratamiento de cáncer. The Wellness Community y FUNIBA ofrecemos esta información como un servicio. La publicación de esta información no pretende reemplazar la atención médica o las indicaciones ofrecidas por el médico. Todo lo contrario, comente con el profesional de la salud que le atiende, los contenidos de este artículo. Entre los pacientes con cáncer ha habido un interés creciente en vincularse religiosamente, en la búsqueda de la salud. El sujeto con cáncer se ve invadido por una serie de factores estresantes, que van desde el impacto inicial generado por la noticia de la enfermedad, lo imprevisible de su evolución, el pronóstico de la misma, el efecto de quimioterapia, hasta la toma de conciencia de la posible recuperación porque motiva el crecimiento personal e involucrarse en tareas creativas o de auto- superación. Aquí es importante hacer una distinción entre religiosidad y espiritualidad. En el primer caso, se trata de personas involucradas en las creencias, valores y prácticas propuestas por una institución organizada, y la búsqueda de lo divino se logra a través de una manera de vivir; mientras que la espiritualidad puede definirse como la búsqueda de lo sagrado o de lo divino a través de cualquier experiencia de la vida. La espiritualidad es la manera como la gente entiende y vive su vida, en la búsqueda de su significado y valor, incluyendo un estado de paz y armonía. También ha sido relacionada con la necesidad de encontrar respuestas satisfactorias acerca de la vida, la enfermedad, y la muerte. La espiritualidad, según el National Institute for Healthcare Research, ha sido definida como la búsqueda de lo sagrado y lo divino, a través de cualquier experiencia de la vida o del camino. LA ORACIÓN Y SU EFECTO EN LA SALUD Un aspecto a considerar, en relación con la espiritualidad, es el efecto de la oración. Esta ha sido objeto de numerosas investigaciones con la finalidad de establecer cómo ejerce su efecto sobre la salud. Las preguntas que se hacen los investigadores tienen que ver con su mecanismo de acción en la sanación: ¿Tiene que ver con el efecto que tiene sobre las creencias religiosas del individuo? ¿O actúa disminuyendo el estrés que complica la evolución de la enfermedad? ¿O tiene que ver con un nexo entre el hombre y el todopoderoso, como muestran algunos estudios neurológicos recientes? Herbert Benson, quien dirige el Instituto Mind-Body en la Universidad de Harvard, ha venido estudiando desde hace 30 años el poder de la oración y se ha focalizado en el efecto que tiene sobre el cuerpo la meditación, forma budista de rezar. Reportó que todas las formas de oración producen una respuesta de relajación que combate el estrés, calma el cuerpo y promueve la sanación. Benson ha documentado mediante estudios de resonancia magnética nuclear (RMN) del cerebro, cómo se producen cambios físicos en el cuerpo cuando alguien medita. Los efectos beneficiosos que tiene la oración para la salud quedaron demostrados en una investigación de 10 meses en el Hospital General de San Francisco donde se obtuvo una mejoría mayor en un grupo de pacientes que recibía oración exterior además del tratamiento convencional en relación con un grupo control que sólo recibía tratamiento convencional. El grupo de personas que no sabía que estaban orando por ellos, presentó menos fallas congestivas, menos paros cardíacos y una mortalidad significativamente menor que el grupo control. Este estudio nos lleva entonces a pensar que hay otros factores, además de la fe, que intervienen en la sanación del paciente. Los mismos resultados se obtuvieron en otro estudio más reciente. En un ensayo clínico doble ciego aleatorio se estudió la influencia de la oración en el éxito de la fertilización in vitro. El grupo que tuvo oraciones por parte de terceros, mostró mayor cantidad de embarazos en comparación con las que no recibieron oraciones. Koenig, en la universidad de Duke, hizo una revisión de 1 200 estudios hechos acerca del poder de la oración sobre la salud y reportó que las personas religiosas tienden a hacer una vida más saludable: fuman menos y tienen un menor consumo de alcohol, lo que favorece que se enfermen menos.
Entre algunas conclusiones de importancia en estos estudios: a). Las personas hospitalizadas que nunca han asistido a los servicios religiosos permanecen tres veces más tiempo que aquellos que asisten regularmente. b). Los pacientes cardiovasculares morían 14 veces más frecuentemente después de la cirugía, si no participaban en alguna religión. c). Las personas mayores que nunca han asistido a la iglesia tienen un promedio de arritmias, el doble que las personas que atienden a un servicio religioso. d). En Israel, las personas religiosas tenían un promedio del 40 % menos de mortalidad por enfermedades cardiovasculares y cáncer.
CONCLUSIONES La espiritualidad puede convertirse en una poderosa fuente de fortaleza, porque capacita al individuo a hacer cambios positivos en su estilo de vida y a tomar conciencia de cómo creencias, actitudes y comportamientos pueden afectar su salud. Al promover el bienestar existencial, ya sea asociado a sus creencias religiosas o prácticas espirituales, se favorecerá una mejor función inmune. La variedad de formas en las que se puede abordar la espiritualidad complica su entendimiento; pero a pesar de la subjetividad que la caracteriza, ya se han demostrado algunos efectos concretos que tiene en el organismo, a corto y largo plazo. Por ejemplo, el paciente oncológico debe aprender estrategias que le faciliten hacer cambios en su vida, como son la meditación, la práctica de disciplinas orientales, formar parte de grupos de apoyo, así como, enriquecer su relación con Dios a través de la oración. Debe conocer la importancia del estrés, de las ganancias secundarias y otros factores emocionales que contribuyen a su enfermedad. De igual manera, puede aprender técnicas sencillas para estimular su sistema inmunológico y manejar su enfermedad en forma multidimensional, para promover una respuesta satisfactoria al tratamiento. En definitiva, debido a que la espiritualidad favorece estilos de vida y comportamientos más sanos, lo que se asocia a un menor riesgo de enfermedades y a una actitud diferente cuando se pierde la salud, otra vez se hace evidente que es en nuestra casa donde podemos marcar la diferencia al crear hábitos saludables, en este caso, cultivar nuestro espíritu, como parte de una estrategia integral para mantener la salud, prevenir la enfermedad y mejorar nuestra capacidad de autocuración. Recodemos: tener salud no es no enfermarse nunca. Es, también, tener la capacidad de superar exitosamente los estados de enfermedad que podamos padecer.
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