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Nuevos Paradigmas

La cultura occidental desarrolló una manera de ver la salud y enfrentar la enfermedad desde un punto de vista “mecanicista” –a la manera de una fina maquinaria de reloj- es decir, analizando nuestro cuerpo como un conjunto de moléculas y átomos, y estructuras (tejidos, órganos) relativamente independientes; y viendo la enfermedad como una alteración molecular en un lugar bastante determinado y como un concepto contrapuesto a la salud.

Esta visión permitió, sin lugar a dudas, avanzar en el campo de la investigación científica sobre las diferentes alteraciones, malformaciones, enfermedades, etc., de los órganos y funcionamiento de nuestro cuerpo. También originó las especializaciones de la medicina: urología, endocrinología, gastroenterología, etc., pero, a la par, se perdió la mirada sobre el ser humano como una unidad interdependiente con su medio ambiente, interdependiente con su mente y sobre la interdependencia poderosa de todos sus órganos y funciones.

En medio de esa enorme cantidad de conocimiento científico que se ha acumulado, las personas del común nos sentimos abrumados y bastante ignorantes, de tal suerte que la posición de la mayoría de nosotros frente a nuestros problemas de salud es “entregarnos” al sistema médico sin mayores preguntas porque, además, todo ese vocabulario es demasiado técnico e incomprensible para nosotros.

Las Medicinas y Terapias Alternativas parten de principios bastante diferentes y hasta contrapuestos. Por ejemplo, en éstas se dice que:

La enfermedad es un lenguaje del cuerpo.

El cuerpo no es un objeto ni está aislado y es uno con la mente.

Enfermedad y salud se ven como procesos de la vida, como estados mentales que hablan de la evolución de la consciencia.

Así mismo, se afirma que Cada persona es única, y esto es muy fácil de ver cuando decimos que a una persona un alimento “le cae mal”, mientras que para otra ese alimento es perfecto y de consumo normal. Ejemplos de esto los vemos con la leche, los granos, la carne roja, etc.

Otro principio de estos sistemas alternativos que ven al ser humano como un todo indivisible, es decir bajo un enfoque HOLÍSTICO, dice que el estrés crónico junto a la falta de equilibrio psicosomático son factores claves que contribuyen a la enfermedad. Un ejemplo simple: vemos como muchas personas que están muy presionadas por su trabajo, o por circunstancias difíciles y no tienen hábitos saludables que les ayuden a descargar o manejar esa presión (como nadar, trotar, meditar, ejercicios de relajación, respiración, terapias, etc.) terminan con problemas de gastritis e incluso con problemas coronarios, entre otros.

Desde esta mirada sobre la salud, otro fundamento básico es que nuestro cuerpo tiene una capacidad curativa innata. Es decir, que estamos hechos de tal modo que, con los nutrientes necesarios, el cuerpo puede revertir un proceso de enfermedad y restaurar los órganos y tejidos que se deterioran tanto por el paso del tiempo como por la presencia de un patógeno –agente causante de enfermedad-, y que además -en esto hay coincidencia con la medicina occidental- nuestro cuerpo reconoce lo que es un elemento extraño, lo aísla y lo expulsa. Eso sí, siempre y cuando el sistema inmune –nuestro ejército protector- se halle bien preparado, alimentado y con las herramientas químicas que necesita.

Otro de los factores determinantes aquí es que es necesario tomar autorresponsabilidad para la curación.

Nuestra salud: nuestra responsabilidad

Sin lugar a dudas, la toma de consciencia en cuanto a que todos nuestros actos influyen en nuestro estado de salud, es tal vez el planteamiento más “revolucionario” de esta nueva tendencia mundial. “Somos lo que comemos” se afirma desde hace mucho. Pero no solo eso: somos lo que respiramos, somos cómo respiramos, somos cómo comemos, somos lo que sentimos y cómo lo sentimos, somos lo que decimos y cómo lo decimos….

Si miramos los nuevos paradigmas que hemos enunciado, es fácil ver que es nuestra voluntad, nuestra decisión, la de cada individuo, lo que le permitirá construir una vida de mejor calidad y mejorar su bienestar. ¿Quién más que cada uno de nosotros puede reconocer las situaciones que lo están afectando y tomar las medidas necesarias para cambiar esa realidad? ¿Quién más que cada uno puede sentir lo que su cuerpo le expresa frente a un alimento, frente a una circunstancia? Sólo cada uno.

Nuestro bienestar depende de nosotros; no podemos pretender que ningún médico, por más sabio que sea, asuma la tarea de mejorarnos si no estamos dispuestos a participar como protagonistas de nuestra propia salud. Podemos ver a muchas personas que pasan de tratamiento en tratamiento, dieta en dieta, medicina en medicina, y no mejoran. Algunas veces es porque se desconoce la raíz de la enfermedad, pero muchas otras es porque la persona no se compromete consigo misma a llevar un estilo de vida que le permita gozar de salud.

En este punto, algunos lectores se preguntarán: ¿Qué tiene que ver todo esto con lo que puedo hacer en la casa? Es en la casa, en nuestro hogar, donde tenemos la posibilidad de explorar nuestros hábitos para mejorarlos o suprimir aquellos que no nos convienen.

Es en la casa donde podemos entablar un diálogo que nos permita reconocer nuestros factores de estrés, donde podemos enseñar y aprender a reconocer el verdadero origen de muchos problemas que nos aquejan. Por ejemplo, cuando se presenta un dolor de cabeza, antes de usar una pastilla para quitarlo, podemos enseñar a que nos hagamos preguntas elementales: Fue al poco tiempo de comer? Si fue así, qué comimos? Un alimento muy azucarado? Muchas harinas? O es que no hemos podido evacuar los intestinos? Preguntarnos sistemáticamente nos permite entender lo que el cuerpo está expresando por medio de un síntoma como el dolor de cabeza. Por otra parte, quitarnos el dolor sin hacernos las preguntas adecuadas es desperdiciar la oportunidad de conocer nuestro organismo.