cabezonte.jpg
INFORMESE!! El fin de los antibióticos

y resistentes a todos los antibióticos con que cuentan los médicos. Cuando veamos cuán profundo es el foso que se ha cavado con los antibióticos, podremos apreciar la magnitud del desastre. Los antibióticos han cumplido su papel anti-biótico y anti-vida, dejando a su paso una larga estela de muerte y sufrimiento por cuenta de su uso.

Las enfermedades como el sarampión, la escarlatina, la tuberculosis, la fiebre tifoidea, la neumonía, la influenza, la tos ferina, la difteria y la polio, estuvieron en descenso durante varias décadas antes de la introducción de los antibióticos o las vacunas afirma el Dr. Lawrence Wilson.

Los antibióticos no matan las levaduras. Muchas mujeres descubren que después de tomar antibióticos adquieren candidiasis vaginal (debido a que pierden su equilibrio bacteriano normal). Los antibióticos provocan infecciones por hongos y levaduras, por lo que al final serán considerados como una causa principal de cáncer, ya que los oncólogos creen cada vez más que dichas infecciones son parte integral del cáncer y de su causa. El tema de los antibióticos y la necesidad de usar algo más seguro, más eficaz, y más saludable constituye un imperativo, teniendo en cuenta que se considera que más del 40 por ciento de todos los casos de cáncer están relacionados con y son causados por infecciones.

Puede que dentro de poco tiempo entremos realmente en la “era post-antibiótica” cuando con frecuencia las infecciones comunes sean intratables –Dr.Marc Lipsitch et al. (Harvard School of Public Health).

Los antibióticos matan todas las bacterias del cuerpo, incluso aquellas que necesitamos.

Un antibiótico es una sustancia producida por algún hongo o bacteria que mata a otras células o interfiere con su crecimiento. En la naturaleza, estas sustancias ayudan a que algunos microbios sobrevivan limitando la multiplicación de otros que comparten el mismo ambiente. Los antibióticos que atacan microbios patógenos (causantes de enfermedades) sin causar daños severos a las células normales del cuerpo resultan útiles como medicamento, pero parece que las compañías farmacéuticas no ofrecen alguno que sea inocuo. La doctora Lisa Landymore-Lin resumió esto en su pregunta que aparece en su libro Poisonous Prescriptions [Recetas venenosas]: “¿Los antibióticos provocan asma y diabetes?” Hemos empezado a cuestionar el papel que juegan los antibióticos en el origen del cáncer, ya que éstos producen sobrecrecimiento de levadura y hongos. Chris Woollams escribe: “Se calcula que el 70 por ciento de la población británica padece una infección por levaduras. La principal causa de esto es nuestra obsesión con los antibióticos. ‘¿Sus glándulas están inflamadas? Tome antibióticos. ¿Tiene amigdalitis? Tome antibióticos’”.

Hace poco, dos estudios demostraron que hay correlación entre el uso de antibióticos y un mayor índice de cáncer de seno.

En un estudio, el aumento del riesgo fue pequeño, y los expertos británicos en cáncer de seno han desestimado la importancia de esta correlación. Sin embargo, estudios recientes confirman que han hallado vínculos entre los antibióticos y otras enfermedades. En los últimos años, se ha encontrado relación entre el uso excesivo de antibióticos y la enfermedad inflamatoria intestinal, la enfermedad de Crohn, y el desarrollo de alergias en niños tales como la fiebre del heno y el asma. Como veremos más adelante, los antibióticos juegan un papel encubierto en el autismo y otras enfermedades neurológicas.

El Journal of the American Medical Association ha reportado un estudio realizado en 10.000 mujeres. Las mujeres que tomaron antibióticos durante más de 500 días en un período de 17 años (más de 25 dosis en total) presentaron riesgo doble de padecer cáncer de seno que aquellas que no tomaron antibióticos. Aun las mujeres que sólo tomaron uno presentaron un aumento de riesgo estadístico de 1,5 veces.

Las repercusiones de la resistencia en algunas bacterias pueden medirse en el aumento del término y la magnitud de las patologías, de las tasas de mortalidad, y de los costos de hospitalización en pacientes infectados con bacterias resistentes –Dr. Marc Lipsitch et al.

Los antibióticos de amplio espectro no discriminan: además de acabar con las “bacterias malas”, también destruyen las bacterias saludables que suelen habitar en los intestinos y la vagina, y que son parte necesaria de la flora natural que mantiene el cuerpo sano. Cuando los antibióticos destruyen las bacterias “buenas”, entonces la levadura, que hace parte de la flora normal del cuerpo, puede empezar a presentar un crecimiento excesivo debido a que los antibióticos han alterado el ambiente saludable del cuerpo (el equilibrio ecológico interno), facilitando así la proliferación de la levadura y el desencadenamiento de muchos síntomas tóxicos de gran alcance.

Sin embargo, hasta ahora la medicina moderna cree que los antibióticos han jugado un papel importante en la prevención de infecciones bacterianas desde que Alexander Fleming las descubrió por primera vez en 1927. Muchos médicos han empezado por fin a notar que la eficacia de estas drogas supuestamente milagrosas ha empezado a menguar, puesto que las mismas bacterias que se supone debían controlar, han mutado en nuevas formas que no responden al tratamiento. Muchos expertos en medicina atribuyen este fenómeno al uso excesivo e indiscriminado de antibióticos en años recientes en medicina humana y en agricultura.

Según varios estudios, los obstetras y ginecólogos prescriben semanalmente 2.645.000 recetas con antibióticos. Los internistas prescriben 1.416.000 cada semana. Esto da un total de 211.172.000 recetas médicas anuales en los Estados Unidos, sólo en estas dos especializaciones. Los pediatras prescriben más de $500 millones en antibióticos al año sólo para infecciones de oído. Sin embargo, el uso tópico de yodopovidona (PVP-1) es tan eficaz como el ciprofloxacin de aplicación tópica, con la gran ventaja de que no presenta resistencia in vitro a los medicamentos, y el beneficio adicional de la reducción de costos en el tratamiento.

De acuerdo con un estudio publicado en el Journal of the American Medical Association, tomar correctamente los medicamentos recetados por un médico ha sido catalogada como la tercera causa de muerte en los Estados Unidos. Los antibióticos fueron mencionados en esta categoría porque los antibióticos pueden ser fatales.

Es posible crear resistencia a los principales antibióticos de uso médico si se emplean en la agricultura aquellos que suponemos que son seguros –Jane Millar.

Jane compró en un supermercado seis pollos criollos frescos, criados en granja y orgánicos. Tomó muestras de cada ave y creó un cultivo de bacterias que usó para probar los diferentes antibióticos. Apramicina es un antibiótico que se usa con moderación en la industria avícola en Nueva Zelanda para tratar infecciones. Jane encontró que las bacterias de los dos pollos fueron resistentes a la Apramicina. También fueron resistentes a otros dos antibióticos de la misma familia: Gentamicina y Tobramicina, los cuales se emplean en humanos para infecciones graves. La Gentamicina no se usa en la industria avícola, y la Tobramicina se usa únicamente en humanos.

Un estudio reciente de estimación de riesgo que ordenó la Administración de Alimentos y Drogas (FDA) ha calculado que entre 8.000 y 10.000 personas, aproximadamente, adquieren por el pollo infecciones por Campylobacter resistentes a la fluoroquinolona, e intentan tratar esas infecciones con una fluoroquinolona.

Cada día, nuevas cepas de bacterias, hongos y otros microorganismos patógenos se vuelven más resistentes a los antibióticos que una vez los combatieron con gran perjuicio.

“Con la misma certeza con que la noche sucede al día, sabemos que la resistencia antimicrobiana vendrá como resultado del tratamiento antimicrobiano” –afirmó el doctor John A. Jeringan, sub-jefe de prevención y respuesta del Centro para el Control de las Enfermedades–. “No es más que un fenómeno biológico”. Resulta ser que la destrucción indiscriminada de microbios inocuos daña el cuerpo en formas complejas que apenas empezamos a comprender. Los potentes antibióticos que entran en el complejo ambiente de nuestros intestinos producen caos, un fenómeno muy parecido al efecto que produce una serie de bombas lanzadas sobre una plaza de mercado. La resistencia a los antibióticos es un problema extendido al que el Centro para el Control de Enfermedades de los Estados Unidos denomina “uno de los problemas mundiales de salud pública más apremiantes”.

Uno de los gérmenes más letales es un estafilococo llamado SARM, que es la abreviatura de “Staphylococcus Aureus Resistente a la Meticilina”. Aunque vive en la piel sin causar daño alguno, provoca desastres cuando entra en el cuerpo. Por lo general, los pacientes que sobreviven al SARM pasan meses en el hospital y deben soportar varias cirugías para extirpar el tejido infectado. Las hospitalizaciones relacionadas con una forma de Staphylococcus bacterium resistente a los medicamentos se duplicaron en el curso de seis años en los Estados Unidos, hasta alcanzar unos 280.000 casos en 2005. El saldo de víctimas fatales ascendió de 4.700 en 1999 a cerca de 6.600 en 2005. Se calcula que de 94.000 norteamericanos que sufrieron infecciones invasivas por SARM en 2005, cerca de 19.000 fallecieron.

En los Estados Unidos, uno de cada 20 pacientes contrae una infección durante su estadía hospitalaria. En este país, las infecciones hospitalarias matan anualmente a 103.000 personas, tantas como el SIDA, el cáncer de seno, y los accidentes automovilísticos juntos. La gran mayoría de casos mortales ocurren en hospitales y sanatorios, donde las heridas abiertas y los pinchazos abren al oportunista estafilococo una vía rápida al torrente sanguíneo y los órganos.

Como muchas de las infecciones hospitalarias ya no pueden ser curadas con antibióticos comunes, se agravan los peligros de las infecciones.

Más de la mitad de las veces, los médicos y otros profesionales de la salud rompen las más elementales normas de higiene al no limpiarse las manos antes de atender a un paciente.

“Últimamente ha surgido una epidemia alarmante por cuenta de las cepas de SARM *asociadas con la comunidad (CA), las cuales pueden causar graves infecciones capaces de terminar en fascitis necrotizante o incluso la muerte en adultos que serían sanos por fuera de ambientes hospitalarios”. Esto lo ha reportado el equipo de investigación del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID), liderado por el doctor Michael Otto.

La fascitis necrotizante es la enfermedad denominada “come carne” que puede destruir el tejido sano e incluso matar a los pacientes. El equipo descubrió que algunas cepas de SARM segregan un compuesto llamado *módulo soluble en fenol o PSM. Los investigadores descubrieron que éste atrae las células del sistema inmunológico llamadas neutrófilos para luego hacerlas estallar en un proceso llamado lisis. Los neutrófilos son células inmunológicas clave que cumplen la función de limpiar infecciones bacterianas, de manera que destruirlas permitiría la casi libre proliferación de bacterias.

“En los Estados Unidos, CA-SARM es ahora la causa de la mayoría de las infecciones que llevan a los pacientes hasta la sala de emergencias. No es claro por qué las cepas de CA-SARM logran enfermar más a las personas que las otras homólogas asociadas también con los hospitales” –agregaron.

Cuando se trastoca la tranquila actividad de una población microbiana normal, las bacterias malignas pueden aprovechar al máximo la oportunidad para atacar. La infección intestinal colitis C.difficile que está ahora alborotada en los hospitales del mundo, es una de las peores complicaciones de este tipo debido al uso de antibióticos.

En 1978, Clostridium difficile fue identificado por primera vez como un microbio hospitalario. Hacia 1996, los casos habían ascendido a 31 de 100.000 personas que fueron dadas de alta en los hospitales de los Estados Unidos. En 2003, el año más reciente con estadísticas completas, la prevalencia había ascendido a 61 casos por 100.000 personas. Clostridium difficile hace parte de la flora natural, o de las bacterias del colon. “Vemos todas las señales alarmantes de que éste es el próximo SARM” –dijo la antigua gobernadora de Nueva York Lt. Betsy McCaughey, fundadora del Comité para la reducción de las muertes por infección, una organización sin ánimo de lucro con sede en Manhattan–. “Se extiende como fuego arrasador en los hospitales”.

Clostridium difficile es una bacteria formadora de esporas que produce toxinas y que invade el intestino delgado de las personas, de donde sale para atacar el torrente sanguíneo. Al igual que el SARM, el Clostridium difficile se ha vuelto resistente a múltiples medicamentos. Aunque esta bacteria solía afectar a la población anciana y a los pacientes hospitalizados, una cepa más fuerte está paralizando a los más sanos. En la atención de emergencias, los cirujanos han extraído la totalidad del intestino delgado de algunos pacientes en un esfuerzo por evitar una infección generalizada.

Para un caso de pelo encarnado en la espalda, un dermatólogo prescribió antibióticos. Aunque el paciente tomó apenas unas cápsulas, cayó rápidamente enfermo. Basado en lo que sus médicos le habían dicho, el fugaz tratamiento con antibióticos que aplicó el paciente bastó para destruir casi toda la flora intestinal natural, excepto el Clostridium difficile, que pudo arrasar el colon sin impedimentos.

Con frecuencia, los estetoscopios, los monitores de presión sanguínea, y otros equipos médicos están contaminados con bacterias vivas. Aun así, los médicos y las enfermeras casi nunca limpian el estetoscopio antes de ponerlo en el pecho de sus pacientes.

“Esto ocurre precisamente en los hospitales que tienen tecnología de punta y manejan enfermedades más graves. Aplicar más desinfectante no es la respuesta, pues se han encontrado algunas cepas de gérmenes creciendo en frascos de desinfectante hospitalario. Entre más “armas” químicas antibacteriales se utilizan, más bacterias se vuelven resistentes a ellas” –escribe el doctor Carl Wieland.

El personal de atención médica está cada vez más preocupado por el surgimiento de nuevas formas de tuberculosis (TB) resistente a los medicamentos. Según el WHO, en todo el mundo han aparecido brotes de tuberculosis resistente a los medicamentos, y amenazan con provocar una epidemia mundial de una tuberculosis prácticamente incurable. Una encuesta de octubre de 1997 realizada por el WHO, los Centros para el control y la prevención de enfermedades de los Estados Unidos, y la Alianza Internacional contra la Tuberculosis y las Enfermedades Pulmonares, calcula que 50 millones de personas están infectadas con una variedad de TB que es resistente a fármacos. Se dice que muchas de ellas son portadoras de una tuberculosis resistente a múltiples medicamentos, imposible de curar con dos o más fármacos habituales.

La nueva tecnología de análisis de DNA ha descubierto cientos de especies que no habían sido identificadas en las tradicionales superficies de la boca y el intestino, y rastros de bacterias incluso en tejidos que antes se consideraban estériles.

Lecciones del autismo

Los investigadores médicos de la Universidad estatal de Arizona nos dicen que es sabido que el uso de antibióticos inhibe por completo la excreción de mercurio en ratas debido a la alteración de la flora intestinal. Por lo tanto, es probable que el uso elevado de antibióticos orales en niños con autismo haya reducido su capacidad para eliminar el mercurio. El uso elevado de antibióticos orales en la infancia podría también explicar el alto índice de problemas gastrointestinales crónicos en individuos con autismo.

Muchos médicos ignoran los efectos adversos y duraderos que causan los fármacos prescritos por rutina, como los antibióticos. La terapia antibiótica es una práctica común para tratar gripes menores y congestión nasal. Por rutina, las personas reciben a lo largo de su vida múltiples tratamientos con antibióticos de amplio espectro, o se les inyectan corticosteroides para dolor muscular o de articulaciones. Una vez establecida, la colonización sub-clínica con levadura en el cuerpo puede persistir durante muchos años sin ser detectada. Los antibióticos, tales como la tetraciclina, pueden aumentar en gran manera y en pocos días la levadura en el colon.

El uso extensivo de antibióticos empeora el problema con la Cándida porque disminuye la excreción de metales pesados, que son fuente de alimento para la levadura como organismo, al tiempo que acaba también con las bacterias benéficas.

Por lo general, la Candida albicans vive tranquilamente en nuestros intestinos y en todas partes, en armonía con toda la flora intestinal que la mantiene controlada. Todo esto cambia cuando se ingieren antibióticos. Al suprimir la flora intestinal normal, la Cándida prolifera y empiezan los problemas. En su forma leve, produce diarrea o una infección por levadura. El doctor Elmer Cranton dice que “el crecimiento exagerado es en parte iatrogénico (causado por la profesión médica) y puede ser provocado por el uso de antibióticos y cortisona. Una dieta rica en azúcar también promueve el sobrecrecimiento de levadura. Una dieta abundante en alimentos refinados que suele encontrarse en las naciones industrializadas no sólo promueve el crecimiento de levadura, sino que es pobre en vitaminas y minerales que son esenciales para el buen funcionamiento del sistema inmunológico. Los colorantes, saborizantes, preservativos, estabilizantes y emulsionantes químicos, entre otros, añaden más carga al sistema inmunológico.

Los niños con autismo presentaron niveles de mercurio significativamente más altos (2,1 veces) en sus dientes de leche, aunque niveles similares de plomo y zinc. También se mostró que los niños con autismo recibieron más antibióticos orales durante sus primeros 12 a 36 meses de vida. En el número de julio 11 de 2007 del Journal of the American Medical Association, los investigadores reportaron que el uso preventivo de antibióticos aumenta el riesgo de resistencia a los fármacos, al tiempo que es incapaz de proteger a los niños contra futuras enfermedades del tracto urinario (UTIs). Administrar antibióticos para prevenir las infecciones recurrentes del tracto urinario en niños pequeños no sólo será inútil sino que les hará daño. En cambio, el uso anticipado de antibióticos para prevenir la infección sí aumentó la posibilidad de desarrollar una infección resistente a los fármacos cerca de 7,5 veces. De hecho, el 61 por ciento de las infecciones recurrentes del tracto urinario fueron causadas por un patógeno resistente a los antibióticos, señalaron los investigadores.

En un estudio de 2005, el antibiótico Augmentin TM ha sido implicado en el origen del autismo. El estudio sugiere con firmeza la posibilidad de que los niños pequeños que han recibido Augmentin presenten envenenamiento por amoniaco. El Augmentin se ha administrado a niños desde finales de la década de 1980 para tratar infecciones bacterianas.

Parece que muchos médicos desconocen que las píldoras anticonceptivas, entre ellas las que contienen las hormonas estrógeno y progesterona, también pueden hacer más vulnerable al organismo a infecciones por hongos. Si se prescriben antibióticos, actúan como un doble golpe que asegura la invasión de una infección fúngica al reducir las bacterias protectoras en los intestinos. Muchas mujeres embarazadas buscan tratamiento médico para molestias mínimas para las cuales se les formulan antibióticos de forma generalizada. Esto desencadena una serie de problemas que, a su vez, los gineco-obstetras y pediatras complican debido a su inclinación por intoxicar a los niños con los químicos hallados en las vacunas. En muchos lugares del mundo todavía ordenan inyecciones con mercurio en el momento del nacimiento.

Las *microformas nos intoxican con sus productos de desecho. Estos son, entre otros: acetilaldehído, ácido úrico, aloxina, alcoholes, ácido láctico, etc.

Los antibióticos podrían ser los culpables de que cientos de niños desarrollen autismo después de haber recibido la controvertida vacuna triple viral (sarampión, paperas, rubeola). Un estudio británico ha revelado que más de dos tercios de los niños que padecen este mal recibieron cuatro o más antibióticos en su primer año. Se cree que los fármacos debilitaron el sistema inmunológico de estos niños, incapacitándolos para resistir los efectos de la triple viral. La medicina alopática ha sido renuente y lenta para considerar este uso indiscriminado de antibióticos. Lo mismo ocurre con las vacunas, el santo grial de la medicina. Sin embargo, podría pensarse que despierten y busquen otras alternativas en vista de que los antibióticos de la última línea de defensa han fallado cada vez más frente a los súper microbios, destruyendo el organismo de los niños pequeños.

La mayoría de los antibióticos se obtienen de hongos, y por ende se consideran micotoxinas. Las micotoxinas son venenos.